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Editorial:

Frente a una institucionalidad en picada… construyamos una sociedad y una economía  en resistencia.

Octubre 2007

El dinero como fetiche y la economía globalizada: ya lo dijo un famoso filósofo alemán en el siglo XIX: “el dinero es un fetiche”. Esto porque el valor asignado al mismo es a menudo un asunto subjetivo, manipulado por grupos sociales para mantener control y poder sobre otros. En Costa  Rica ya desde  tiempos de la colonia se tienen ejemplos que sustentan esta  afirmación. En la Hacienda Santa Rosa, en Guanacaste,  los patronos acuñaban sus propias monedas para pagar, según valor asignados por ellos mismos, la mano de obra de sus peones.

Pero también la misma afirmación se mantiene en firme en nuestra época, solo que a nivel globalizado. Ya el colón tico no está sujeto al valor asignado por un estado solidario, cuyo principal objetivo era el de  crear riqueza solidaria, equitativamente distribuida y sustentada en la producción real y la soberanía alimentaria. Ahora nuestro colón y en buena medida nuestra economía entera, depende de lo que los bancos privados y la reserva del estado de Estados Unidos decidan.  Es un colón cada vez mas dolarizado y sujeto a todo tipo de decisiones equivocadas mas allá de nuestras fronteras.

Si por ejemplo, como está ocurriendo, se decide inflar una burbuja monetaria ( imprimiendo más dólares de lo que la riqueza real puede sustentar), una burbuja que sirva para mantener en flotación ficticia una economía en crisis, una burbuja que sirva para financiar una guerra sin sentido y que tarde o temprano va a desinflarse (de lo cual ya hay signos inequívocos) , entonces esa decisión tomada allende de nuestras fronteras puede poner en riesgo nuestra misma seguridad alimentaria. Hemos perdido la capacidad de “distinguir entre dinero y riqueza”-  tal y como lo hubiera puesto un estadista costarricense del siglo pasado.

Con el TLC la situación de dependencia se agrava, tendremos más riqueza ficticia y menos riqueza real, seremos menos dueños de nuestro territorio, de la capacidad de organizar y planificar nuestra producción y nuestra soberanía alimentaria y de hacer un uso solidario y sustentable de nuestros recursos naturales. Esto no es nuevo,  ha estado ocurriendo durante los últimos  veinticinco años: hemos perdido control sobre nuestro territorio (inversionistas extranjeros han ido adquiriendo cada vez mas territorios estratégicos), hemos perdido soberanía alimentaria, hemos perdido calidad ambiental y la miseria y la violencia se han tornado crónicas…pero tenemos más dólares, las arcas en los bancos están llenas!!

Por eso, paralelo a dar la lucha contra el TLC mismo y sus leyes de implementación es urgente que el movimiento popular continúe la construcción de su visión de mundo, de su proyecto país y que vaya definiendo una  agenda  de acción para la implementación de estas propuestas.
Como organización ecologista  nos gustaría compartir algunas ideas al respecto:

Construcción de la visión de país: para concretar nuestra visión de país, entre otros aspectos,  nos urge llegar a un consenso sobre cuatro conjuntos de preguntas básicas desde la perspectiva ecologista: 

¿Cuál es el modelo económico que queremos, que soñamos?, ¿Cuál es el grado de crecimiento y los indicadores económicos que nos deben orientar?
¿Qué queremos producir?, ¿Para qué y para quién?, ¿A qué costo social?, ¿A qué costo ambiental? y ¿Cómo queremos comercializar lo producido?
¿Cuál es nuestro modelo energético?, ¿Cuánta energía  realmente necesitamos?, ¿Cómo es la manera más justa y sustentable de producirla?, ¿Cuál es nuestro crecimiento energético? Y ¿Energía para qué y para quién?
¿Cuál es el modelo educativo que queremos?, ¿Educación para quién, para qué?

El aporte ecologista: desde el ecologismo proponemos la construcción de un nuevo modelo sustentado en los conceptos de la economía ecológica y la planificación socialista. El modelo de país ecologista se arraiga a los valores fundamentales de la justicia y el uso sustentable de recursos. En el mismo se minimiza el uso  de recursos externos, se priorizan los mercados locales, el transporte colectivo, la soberanía alimentaria y  la seguridad social. El concepto de riqueza se sustenta en capacidad  productiva  de bienes de consumo básicos de una manera sustentable y justa y no en la cantidad de dólares estadounidenses que existan en la reserva nacional.  Es una economía desligada del concepto de devaluación: “que importa que el dólar-EUA cueste muchos colones ticos si con los colones ticos podemos comprar el alimento, la salud y la educación básica para vivir una vida digna y sustentable !”

Herramientas disponibles: como movimiento social tenemos muchas herramientas a las que podemos echar mano para esa construcción de una nueva visión de mundo y proyecto de país.    A continuación presentamos algunas de estas herramientas:

Capacidad de organización: nuestra capacidad organizativa como movimiento social ha sido limitada y fragmentada. Somos muchos gremios que poco interactuamos. La coyuntura reciente nos permitió conocernos, interactuar, oírnos de mejor manera y desarrollar  herramientas de comunicación propias. Es urgente consolidar nuestra capacidad organizativa más allá del hecho político, construir redes de economía solidaria, rescatar institucionalidad, boicotear la corporativización de la producción mediante el uso de nuestra capacidad de consumo, recuperar la capacidad de administrar nuestro ahorro, etc.

Institucionalidad: muchas de las instituciones en que se baso el desarrollo social costarricense han sido resquebrajadas o abandonadas al desuso. Es urgente rescatar el CNP como base institucional de la soberanía y la seguridad alimentaria; el IDA ( que debe ser el primer bastión contra la venta de territorio nacional ) como base de la protección y distribución equitativa del territorio; nuestro sistema ferroviario como base de un sistema de transporte público y sustentable. Asimismo urge proteger y solidarizarse con las instituciones amenazadas por el TLC (INS, ICE, CCSS, Instituto de la Semilla, Instituciones de la Educación Pública ). 

Banco popular y la capacidad de ahorro: la capacidad de ahorro del trabajador, ese capital financiero de carácter popular que a menudo olvidamos ¿dónde está?, ¿al servicio de quién? Ese capital financiero, en ocasiones ha terminado invirtiéndose en grandes agro-negocios,  en grandes proyectos de acumulación de capital, en la especulación financiera, en las bolsas internacionales que finalmente terminarán, a su vez, financiando las inversiones que se quieren promover con el TLC o, en el peor de los casos, invertidos en bonos de la deuda del gobierno de los Estados Unidos, unas de las principales fuentes de financiamiento de la invasión y el genocidio del pueblo  de Irak. Somos uno de los pocos movimientos populares que logró consolidar un banco propio, con una asamblea de trabajadores que sobrepasa el millón de miembros. El Banco Popular actualmente se cuenta dentro de los bancos fuertes y “exitosos” de Centro América, pero ¿a qué costo?  Por un lado ha perdido su carácter de institución popular, su monopolio sobre el ahorro del trabajador y su carácter de banco para la inversión social. Recuperar el liderazgo en la asamblea de los trabajadores y re-direccionar las políticas de financiamiento del banco y usos de sus excedentes a la construcción de una economía solidaria  es una tarea urgente.

Medios de comunicación: si algo le faltó al movimiento popular en estos días pasados fueron medios de comunicación. Y eso que se hizo un esfuerzo grande. Surgieron programas radiales, periódicos, boletines, etc. etc. Pero nada  bastó para enfrentarse a los medios consolidados y masivos tradicionales. Es urgente crear y favorecer con nuestro consumo medios alternativos tanto audiovisuales como escritos.

La capacidad de consumo: el movimiento popular tiene una gran fuerza en su capacidad de consumo. Elegir qué consumimos, a qué costo y en beneficio de quién es un arma poderosa. Si las más de 750,000 personas que votamos por el NO decidimos no comprar más en las grandes cadenas de supermercados que monopolizan y mediatizan la distribución del alimento y a su vez favorecemos la pequeña pulpería, las ferias del agricultor, las ferias orgánicas, muchas de esas corporaciones recibirían un golpe contundente y estaríamos garantizando la producción agroecológica y justa. Si todos nosotros nos dispusiéramos a comprar fríjol costarricense favoreceríamos a miles de productores nacionales recuperar la cultura y biodiversidad que surgió en torno a la producción nacional de ese grano. Y así por el estilo con respecto a otros productos alimenticios: podríamos comprar solo pollos costarricenses alimentados con maíz costarricense y leche costarricense de vacas alimentadas con insumos costarricenses. De esta manera garantizaríamos nuestra soberanía alimentaria, la distribución justa de la tierra y la producción agroecológica. Algo similar podría pensarse para cualquier artículo de consumo incluyendo los medios de comunicación.

Es un camino largo, pero posible, construir organización que trascienda las campañas electorales, organización que articule a productores y consumidores, organización donde se rescaten nuestras instituciones más sagradas y se consoliden medios de comunicación alternativos…. Es difícil si, pero entonces recordamos al líder ecologista Oscar Fallas cuando decía….”aquí la vara es soñando y empujando…”.

 



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